LA VIDA ES UNA MANO. RELATO JAPONÉS QUE NOS ENSEÑA, POR QUÉ NO PODEMOS AFERRARNOS A LO MALO.

Un antiguo monje Yamabushi, el cual era una especie de budistas ermitaño, se reunía cada cierto tiempo en un templo para hablar con los practicantes de las distintas disciplinas que buscaban alcanzar la perfección espiritual, corporal y mental.

El viejo monje, decidió llevar flores con espinas al templo, en una de sus visitas. El monje repartió una flor para cada uno de los alumnos, y les pidió que la sujetasen por el tallo con las espinas.

Uno de los aprendices preguntó – ¿Por cuánto tiempo? –

El monje responde: El que sea necesario.

Los aprendices sostenían la flor por el tallo, y el monje sentado frente a ellos, solo les observaba. Pasaron algunas horas hasta que algunas manos empezaron a sangrar.

Nadie se atrevía a desobedecer la orden del viejo monje, pero el dolor pudo más.

Uno de los alumnos soltó la flor, y al intentar agarrarla de nuevo por las espinas, sencillamente no pudo, así que se resignó a tomarla por los pétalos.

El aprendiz, temeroso de lo que pudiese decir el monje, agachó su mirada. El monje, solo se le queda viendo sin decir nada… Hasta que sonríe…

Los demás monjes supusieron que estaba bien soltar la flor en ese momento, y todos comenzaron a sujetarla por los pétalos.

Al asegurarse de que todos habían sujetado la flor por los pétalos, el monje comenzó a decir:

“Esto no es un método de tortura, esto es la vida. Quiero que entiendan, que su vida, es una mano. Mientras ustedes decidan sujetarse a las espinas, las espinas estarán clavados a sus palmas, lastimándoles la vida. Y solo cuando ustedes entiendan, que su vida se aferra como una mano a lo que ustedes desean, entenderán, que siempre debemos buscar aferrarnos a los pétalos…

…En definitiva, los problemas o las cosas buenas no deciden si se aferran a nuestras vidas… sino que, somos nosotros, los que decidimos a qué aferrarnos, porque nuestra vida, es una mano”.

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LUCIANA ANDREI