Cuando se nos rompe un sueño

,,Muchas veces nos hacemos el propósito de lograr algo, construimos sueños, los maduramos, y las mujeres somos tan intrépidas que hasta nos lanzamos seguras de lograr lo que queremos, y cuando no lo logramos sentimos que se nos viene el mundo encima para aplastarnos. Si bien es cierto, que algunos sueños son irrealizables o inalcanzables, se requiere de nuestra firmeza y determinación para poder reconocerlo y aceptarlo. Por sí solos, algunos sueños jamás podrán ver la luz del sol por nuestros ojos, tenemos que forjarlos, no sólo construirlos con la imaginación.

Muchas veces después de tanto luchar, de pelearle a la vida y a veces hasta a la gente que nos rodea, nuestros sueños se nos rompen, se nos fracturan, no importa cuán grandes, pequeños y hasta ridículos parezcan… ¡Son nuestros sueños!… y eso es lo único que cuenta ¿verdad? Nos queda entonces una amarga sensación de frustración y fracaso, hasta sentimos las tripas apretadas al ver nuestros sueños caer en pedacitos uno a uno hasta el suelo. En ese momento se nos acaba el mundo, el cielo se nos junta con la tierra, y pensamos que nuestra vida ya no tiene sentido ni razón de ser, allí nos estancamos en ese momento doloroso y nos sentimos muertas en vida. Nuestras horas son grises, sentimos que los días y hasta los años se van deshojando lentamente, se nos va el tiempo en lamentaciones, conmiseraciones y autocompasiones, por no poder estar al lado de ese alguien a quien amamos tanto o creímos amar. En ese alguien que de alguna manera fue el actor principal y dueño de nuestros más hermosos sentimientos y sueños.

Mujeres, tratemos de no sentirnos muertas estando vivas, no siempre que sonreímos recogemos una sonrisa, no siempre que forjamos un sueño se nos hace realidad, no tenemos que fingir un triunfo que no hemos logrado, porque después de todo lo importante no es llegar a la meta, pero si emprender el camino, porque es así como se aprende. Siempre habrá tiempo para emprender nuevos sueños, nuevos proyectos. Por lo tanto no es tan malo que un sueño se rompa, lo importante es aprender a soñar, tal vez no con aquel amor que se convirtió en pesadilla, no con aquél que se marchó llevándose con él tus sueños, recuerda que aún te tienes a ti misma ahora más sabia, más madura, más fuerte, porque sólo quien ha enfrentado el dolor, puede hablar de coraje.

El coraje nos enseña a visualizar las cosas en las que nos gustaría triunfar siempre, pero nos enseña también que no siempre se puede lograr todo lo que se nos antoja. Pero si llegamos al final de nuestros sueños con la cara muy alta, con dignidad y con la satisfacción de haber luchado por nuestros anhelos, recobraremos nuevas fuerzas, renovaremos nuestra fe y confianza que nos animarán a seguir luchando para vencer la frustración y el fracaso. Reconozcamos nuestra fortaleza, pero no ignoremos nuestras debilidades, recuerda que no hay nada ni nadie tan fuerte y poderoso que no pueda caer, pero tampoco nada ni nadie es tan débil que no se pueda levantar. ¿Conoces tu fuerza, y reconoces tus debilidades mujer?

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LUCIANA ANDREI